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El encuentro

Un cuerpo que acariciar, unas manos que tocar, unos labios que besen con esa pasión de adolescente que solo allí se daba.  Que la lengua ruede por un cuello, unos senos, un ombligo y un sexo dulce, jugoso, deseable. Que haga que el corazón se acelere, se detenga y vuelva acelerar. Que la respiración se pare, se agite... Se calme. Que la luz de la luna dibuje su silueta sobre su cuerpo, retorciéndose de placer, escuchar que susurra su nombre, mientras observa la acción desde el balcón, sujetado de sus hermosos senos. Y de repente, esta allí, encima, en ese vaivén que ha hecho que toda la espera valga la pena, un vaivén artístico, suave, ligero... Que va acelerando el ritmo a son de una canción de fondo, que no escuchan, pero que sienten. Y da vuelta a su cuerpo, te tiene de espaldas, con el mismo vaivén, que se va volviendo más violento con cada movimiento, que hace sudar sus cuerpos. Desde allí ve su espalda, su cintura, sus nalgas. No cree que haya mejor vista. Y llega el mome...

intentalo

Es fácil... Es solo sentarse frente al espejo y te dices tus deplorables verdades, tus miedos, tus fracasos, tus mentiras, tus lluvias, tus huracanes, tus porqués, tus llantos, tus alegrías, tu dolor... Sobre todo esto último. Gritarlo en un papel, en una nota, en un blog, en una red social... Y que alguien lo lea y crea que te conoce. Cuando solo ha visto de ti una estrella, en ese universo de constelaciones que llevas contigo, que sigue creciendo, y expandiéndose, y creando más galaxias, y es infinitamente cambiante. Y que lo lea alguien que se identifique contigo, en esa esquinita, dónde está oscuro, dónde no hay nadie... en aquel país que no conoces, bajo una luz tenue sobre tu cabeza, en aquella pesadez del día a día. Y que se deje caer, se abrigue, se sirva un café, o un cigarrillo, o un un vino, suba los pies en la mesita, y descanse en la hospitalidad que ofreces en un poema. Vamos inténtalo... Es fácil.

Conozco

Conozco Conozco el fondo De un corazon roto De una botella de tequila Y de una canción de Sabina Todos llegó al mismo tiempo. Sin quererlo, sin pensarlo...                                            A.J de la Cruz

Porque te veo

Ahogado entre la prisa de unas 24 horas que parecen interminables pero que se va cuando menos esperas. Entre el ajetreo de ser perfecto y lo que realmente eres. Entre lo que va y viene en ese teatro mental que te montas para sobrevivir a un diario vivir que escasea de sentimientos, de sueños, de justicia... y que se ahoga en un mar de tumbas putrefactas ambulantes, que dicen que si porque no saben decir no. Entre el humo de una esperanza que se evapora en el aire tóxico (pues es la palabra de moda) y una sonrisa falsa para sobrevivir a otros dias, a otros meses, a otros tantos años. No digo que sea mi realidad, pero tampoco está lejos de serla... También es tuya, porque te veo. Argelis de la Cruz

No soy el mismo

No te equivoques... No soy el mismo. Cada día cambio un poco más, para bien mío, para mal suyo, tal vez viceversa, tal vez nada de lo anterior. Pero sin dudas, el YO de ayer y el YO de hoy, no serían amigos.                                                  A.J de la Cruz

Algún dia

Algún día me iré... Me iré de mí casa, de mi trabajo, de mi barrio, de mi país. Me iré de mis fantasías, de mis utopías, de mis sueños, de mis logros. Me iré de mis derrotas y decepciones... Me iré de mis musas y de mis bloqueos creativos. Me iré de mí, de ti, de todos... Solo tengo que abrir esa puerta, pero me quema el alma cuando la toco. A.J de la Cruz

La verdad

Sufro de olvidar las cosas sutiles y sencillas, por ejemplo: que comí el lunes, el cumpleaños de mi mejor amigo o la trama completa de una película, o un libro... y realmente lo lamento. Quizá por eso empecé a escribir, o empecé a escribir sabiendo que podría buscar, en algún lugar del librero, aquello que sentí alguna vez, aquello que dije alguna vez... O volver a quemar aquello que quise alguna vez.                                                 A.J de la Cruz